Éranse una vez que se eran dos jóvenes de nombre Paco y Luis.
Paco había destacado siempre por pensar diferente… Unos decían que era muy raro. Otros decían que era genial. El resto… Bueno, el resto estaba de acuerdo con todos los demás. Su padre era agricultor, y tenía una frutería. Todo quedó para Paco el dia de su muerte (me refiero a la muerte del padre de Paco, claro).
Luis, por su parte, era una de esas personas a las que les gusta arriesgar. Un rumor bastante popular decía que solía jugarse al póker, y sin pestañear, un reloj de oro que llevaba tres generaciones en su familia. Otro rumor decía que ese reloj no era en realidad más que una baratija pero, claro, este era mucho menos morboso y a nadie le gustaba difundirlo.
Paco y Luis se conocieron en el año 2005 y al año siguiente reabrieron la frutería del padre de Paco… Con una pequeña diferencia: La gente no tenía que pagar por la fruta; simplemente se cogía. Gratis.
Como os podréis imaginar, la pequeña frutería tuvo un rotundo éxito y estaba siempre a rebosar. No ganaban dinero, pero tenían dinero: Habían conseguido una buena cantidad de un inversor de capital de riesgo al que le sobraban los relojes de oro transmitidos a través de varias generaciones. Enseguida, volvieron a reunirse con otros inversores; había que ampliar el “negocio”: Continue reading











