Éranse una vez que se eran dos jóvenes de nombre Paco y Luis.
Paco había destacado siempre por pensar diferente… Unos decían que era muy raro. Otros decían que era genial. El resto… Bueno, el resto estaba de acuerdo con todos los demás. Su padre era agricultor, y tenía una frutería. Todo quedó para Paco el dia de su muerte (me refiero a la muerte del padre de Paco, claro).
Luis, por su parte, era una de esas personas a las que les gusta arriesgar. Un rumor bastante popular decía que solía jugarse al póker, y sin pestañear, un reloj de oro que llevaba tres generaciones en su familia. Otro rumor decía que ese reloj no era en realidad más que una baratija pero, claro, este era mucho menos morboso y a nadie le gustaba difundirlo.
Paco y Luis se conocieron en el año 2005 y al año siguiente reabrieron la frutería del padre de Paco… Con una pequeña diferencia: La gente no tenía que pagar por la fruta; simplemente se cogía. Gratis.
Como os podréis imaginar, la pequeña frutería tuvo un rotundo éxito y estaba siempre a rebosar. No ganaban dinero, pero tenían dinero: Habían conseguido una buena cantidad de un inversor de capital de riesgo al que le sobraban los relojes de oro transmitidos a través de varias generaciones. Enseguida, volvieron a reunirse con otros inversores; había que ampliar el “negocio”:
—Todo esto está muy bien, pero… ¿Cómo pensáis ganar dinero? —preguntó uno de los inversores que habían acudido a la reunión, visíblemente extrañado.
—Bueno —dudó Luis—… Todavía estamos explorando diferentes opciones —en realidad no tenían ni idea—, pero está claro que aquí hay una oportunidad de negocio tremenda. ¡Pasan por nuestra frutería unas 10000 personas al día! —dijo con confianza— ¡Alguna forma habrá de sacarle dinero a esto!
—Sí —respondió el inversor—, está claro que es una oportunidad única, pero necesitamos alguna garantía más para decidirnos a correr este riesgo.
—Lo entendemos perfectamente —replicó Luis de nuevo—, y permítame decirle que estamos también en conversaciones con inversores holandeses y alemanes. Han mostrado un interés enorme en este proyecto, estamos pendientes de una firma…
—Entiendo —dijo el inversor, con más confianza ahora—… De acuerdo: ¿Dónde dices que hay que firmar?
Así, en unos pocos meses, Paco y Luis se convirtieron en dueños de una cadena de fruterías que repartía fruta por todo el mundo y que estaba valorada en varios millones de dólares. Aún no había generado ingresos de ningún tipo, pero estaba claro que era un negocio redondo… ¡Todo el mundo comía de su fruta!
Al verlo, la mayoría de emprendedores (que hasta ahora se habían tenido que romper la cabeza para que sus ideas resultasen rentables), creyeron estar ante la fórmula mágica del éxito y empezaron a ofrecer todo tipo de productos y servicios de forma gratuita. ¡Qué divertido! Ya no había que pensar en modelos de negocio, cuentas o beneficios. ¡Bastaba con encontrar algo que la gente quisiera consumir! Y como todo se daba gratis, a todos les iba “bien”. ¡Sus negocios estaban llenos siempre!
Los meses pasaron con rapidez, y la popularidad de la frutería de Paco y Luis crecía a ritmo exponencial. Era habitual ver como hasta los mejores restaurantes servían sin reparos su fruta, e incluso las viejecitas alababan su rico sabor “como recién cogidas del árbol”. Se llegó a decir que generaba el 60% del tráfico mundial de frutas. Tal fué su éxito que Hipermerca, la mayor cadena de hipermercados del mundo, decidió invertir más de mil millones de dólares (!) para comprar, a Paco y Luís, la empresa que había experimentado el crecimiento más brutal que se había visto jamás.
Mil millones de dólares. Por la frutería de Paco y Luis, que no tenía ingresos.
Como es lógico, la noticia se extendió a la velocidad de internet (que, según dicen, es la velocidad de la luz multiplicada por pi), haciendo que todos los “emprendedores” a los que me refería antes se frotasen las manos. Y, por supuesto, hizo que otros muchos se animaran… Lógico: ¿¡Qué mejor forma va a haber para hacerse rico que regalar las cosas!?
El tiempo siguió avanzando (como siempre hace), pero ahora parecía ir más lento. Nadie lo entendía, pero resultaba que no se estaban haciendo ricos… ¡Como era posible! ¡Si las tiendas estaban llenas de gente! La mayoría, al ver que eso de regalar las cosas salía caro, tuvieron que volver a pensar en aquello de los “modelos de negocio”. Eso sí, a casi nadie se le pasaba por la cabeza volver a cobrar… ¿Cobrar a nuestros fieles clientes? ¿¡Estamos todos locos!? Entonces, como no se podía aceptar que pagasen los consumidores, se empezaron a buscar otras opciones a quien cobrar: ¡Por supuesto! ¡Publicidad! Poco a poco, todas las tiendas se empezaron a llenar de publicidad. Al principio se conformaban con unos pequeños cartelitos que anunciaban cosas relacionadas, pero tampoco era suficiente… Ni siquiera Hipermerca parecía capaz de sacar beneficios a la frutería por la que acababa de pagar tanto.
Ayer, me tocó ir a hacer la compra. Entré en mi supermercado habitual que, por supuesto, es gratis y eché un vistazo alrededor: Fruta con publicidad de una agencia de contactos impresa a ocho colores, pizzas con los ingredientes colocados estrategicamente de forma que, al verlos desde una distancia media, dejaban ver el nombre de una aseguradora cualquiera, maquinillas de afeitar que hacen sonar el eslogan de una marca de refrescos, azafatas que me acosaban con invitaciones a partidas de póker…
Hoy volví a hacer la compra, pero esta vez no fuí a mi supermercado habitual. Hoy he ido a un nuevo supermercado que Paco y Luis han abierto hace unas semanas. Sí, me queda un poco más lejos. Y sí, hay que pagar por los productos, pero no me importa: Lo prefiero. Prefiero pagar y que no me acosen. Prefiero pagar y no obligar a los dueños a intentar engañarme para que consuma los productos que anuncian. Prefiero pagar y no tener que llevarme mierda a casa…
Prefiero pagar. O… Bueno, no sé, igual no…
Jaja… Al principio estaba un poco descolocado, hasta que me di cuenta de a que te referías con la “frutería” jeje
Y bueno, me resulta extraño que escribas esto… Más que nada porque tu estas metido en eso de ululand, que va a ser gratis no??
Aun así, bueno, si que puede que tengas algo de razon… Pero espero que no empiecen a cobrar por todo lo que hay en internet… no se yo si tengo ganas de empezar a pagar por todo
Ya sabía yo que esto iba a crear polémica xDD Y, claro, por eso lo publiqué.
A ver: No es que esté totalmente en contra de ofrecer cosas gratis. De hecho, ni siquiera estoy completamente de acuerdo con lo que he escrito aquí… Solo lo he exagerado un poco para reforzar lo que quería decir: Hay que ir dejándose ya de querer ofrecer todo gratis. Habrá cosas que sí se pueden ofrecer gratis con algo de publicidad. Lo que no puede ser, me parece a mí, es querer crear negocios que no tienen ingresos. No tiene sentido, y al final solo hace que los usuarios estemos usando un montón de cosas que no funcionan bien o que están llenas de porquería…
Pero bueno, naH, tampoco me hagáis mucho caso… Si ni siquiera yo estoy del todo de acuerdo conmigo mismo xDD
Bueno, pero habría que matizar que para comprar “gratis” en dicha frutería tienes que hacerte una tarjeta de socio, evidentemente gratuita, con la que te permite comprar toda la fruta gratis que quieras.
Para hacer esa tarjeta de socio tienes que facilitar cierta información, como tu dirección postal, el nombre, etc…
No hace falta registrarse en YouTube (por ejemplo) para ver vídeos.
Aún así, sí, estoy de acuerdo. Muchas veces también nos obligan a pagar de otras formas; con información personal, por ejemplo.
GOOD